Estuve el jueves pasado en Mestalla. Ví en directo la lesión de Canales. En ese instante, se terminó la eliminatoria con el Atlético de Madrid. El estadio valencianista se quedó mudó, consciente de la grave lesión que volvía a castigar al excelente jugador cántabro, al “cisne”del fútbol español. Poco importaba ya lo que pudiera suceder en el marcador que, además, se veía casi imposible para los valencianistas.Hasta ese minuto fatídico, lo único bueno que había hecho el Valencia, lo había puesto este futbolista de sonrisa contagiosa que dignifica este deporte tan maltratado por algunos que sólo usan los atajos para su triunfo personal, aunque luego se disfracen de “líderes”.
La lesión de Canales, como la misma padecida, y también, de forma repetida, por el italiano Rossi pone, en evidencia, las recuperaciones milagrosas, y la mala gestión de las carreras por parte de algunos clubes, algunos equipos médicos, algunos entrenadores y algunos jugadores, -dicho sea de paso-, con toda la buena intención, pero no siempre con la profesionalidad y prudencia exigibles.
Por muchas terapias de recuperación innovadoras y tremendamente avanzadas, tecnológicamente hablando, los cuerpos –y el sentido común- ponen los límites, a veces como en estos casos, con sobresaliente crueldad. No se sabe si por ese aceleramiento muy incentivado por el periodismo y por entrenadores y clubes egoístas, o si por esa nueva técnica que tira de ligamentos de cadáveres para hacer los injertos, lo cierto es que se han producido varios casos de recaídas muy crueles que, urgentemente, debe obligar a la reflexión.
Las madres inventaron una frase para darnos ejemplo. “Vísteme despacio que tengo prisa”, y tal vez, por ahí, vaya la solución. Los expertos hablan de, al menos, cuatro o cinco días, o mejor, una semana, después de la lesión, para comenzar a plantearse la intervención quirúrgica. Es preciso que baje la inflamación de lo dañado, y por supuesto, que las cosas “de ahí dentro, maduren, se vuelvan a su sitio y se agarren”.
Estoy seguro que todos los avances médicos y de fisioterapia estarán a disposición de este tipo de lesionados, pero conviene que no nos olvidemos del sentido común de toda la vida, que empieza por respetar los tiempos de los cuerpos y las mentes, para que, al final, nada se vuelva en contra.
Sergio Canales, como Rossi, y otros muchos no tan conocidos, tienen, ahora, ese reto. La gran suerte del jugador del Valencia, -cedido por el Real Madrid-, es que él tendrá todo lo necesario, ahora sí, para volver a su senda de éxito. Sí, en efecto, además de lo material, ahora, tendrá la tranquilidad para no regresar precipitadamente, en una muy mala gestión de minutos por parte de su entrenador, Unai Emery.
El cansancio y el estrés de este tipo de “rehabilitados” es fundamental, y acumular tanto tiempo sobre el terreno de juego con la excusa de que fuera cogiendo ritmo (80 minutos frente al Betis, y casi 60 frente al Atlético, en cuatro días) es mucha tralla para una rodilla recientemente operada, y por lo tanto, en rehabilitación. Incluso, allí, en el campo, se vió que en el arranque del segundo tiempo, Canales ya pedía a gritos su cambio, -sin hacerlo-, pues respiraba con la boca abierta, y comenzaba a ser impreciso. Claro, que todavía no estaba en las matemáticas cuadriculadas de su ordenador/entrenador que no hace, jamás, un cambio antes del minuto 65 de partido, o sea, el 20 de la segunda mitad.
Por supuesto, fue una desgracia en la que Emery no tiene responsabilidad, pero quizás hubiera sido necesario un trato más especial para este “cisne” del fútbol español. Por cierto, ¿qué de dónde viene esta expresión de “cisne”? Su autor es el descubridor y gran valedor de Sergio Canales, Miguel Ángel Portugal.
“Portu” ya tenía controlado a Canales cuándo apenas tenía 16 añitos, pero no quería precipitarse, trayéndole al Real Madrid, y por eso le “vigilaba” en la distancia. Paradojas de la vida, Miguel Ángel fichó por el Racing como entrenador. Inmediatamente, comenzó a subirle al primer equipo para que fuera entrenando y tenerle muy cerca. Un día, Portugal, recibió la visita de un scouting del Charlton Athletic, equipo inglés, y le invitó a que fueran a ver un partido del juvenil del Racing, dónde estaba Canales. Miguel Ángel, con fina ironía, le dijo a su amigo: “Echa un vistazo, y dime si ves algún “cisne”. El amigo de “Portu”, tardó diez minutos en marcarle con los dedos, el número 10. Ese era el número que llevaba Sergio Canales que, obviamente, era el “cisne” que destacaba entre el resto de patos. Meses más tarde, y tras ese tratamiento especial de madurez para Canales, Miguel Ángel Portugal entendió que ya había llegado el momento, y le abrió las puertas, de par en par, de la primera división española y del fútbol con mayúsculas y bien jugado. El “cisne” ya era valorado por todos, pero sólo su calidad y el buen trabajo técnico de Portugal lo habían facilitado, huyendo de otras pretensiones menos confesables de los listos de turno.
El pasado viernes, Miguel Ángel Portugal, le mandó un sms a Canales. Decía: ¡Ánimo Sergio! El talento nunca se rompe. Un fuerte abrazo, MAP”. Yo añado a eso: “Cisne, vuelve pronto, pero sólo cuándo tu honestidad y compromiso con la camiseta que defiendes no sea usada de mala manera por quienes no lo merecen. Cuídate mucho. Siempre te esperaremos, para que nos hagas felices con el balón en los píes. ¡Crack!”
Y es que el “cisne” es una especie en extinción, y debemos cuidarlo. Tanto que Del Bosque, parece, tenía pensando meterlo en la reserva natural de la lista de la Eurocopa. ¡Sergio, el futuro te espera! Por favor, no tengas prisa.
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